El aceite de argán es uno de los tesoros más codiciados de Marruecos, pero también uno de los productos más falsificados en los zocos turísticos. Se extrae del fruto del árbol de argán, una especie que crece casi exclusivamente en el suroeste marroquí, y tradicionalmente lo prensan a mano cooperativas de mujeres siguiendo técnicas transmitidas de generación en generación. Alojándose en el Riad Dar Kawkawa, a solo tres minutos a pie de la plaza Jemaa el-Fna, tendrá fácil acceso a las tiendas y cooperativas fiables de la medina.
Argán culinario y cosmético: no confundir
Existen dos tipos de aceite de argán bien diferenciados. El culinario se obtiene de almendras tostadas y tiene un aroma intenso a fruto seco; se usa en la cocina, sobre todo para preparar amlou, una pasta tradicional de almendras y miel. El cosmético procede de almendras sin tostar: es más claro, más ligero y con un olor mucho más discreto, pensado para el cuidado de la piel y el cabello. Un vendedor honesto siempre le explicará esta diferencia con claridad.
Cómo reconocer el aceite auténtico
Desconfíe de los precios sospechosamente bajos: producir un solo litro de aceite de argán requiere horas de trabajo manual, así que un precio de ganga casi siempre esconde una mezcla diluida con aceite de girasol o soja. Busque tiendas con etiqueta de cooperativa femenina o certificación oficial. Huela el producto: el aceite genuino tiene un olor natural a fruto seco, nunca un perfume artificial demasiado intenso que disimule una materia prima de baja calidad. La textura también importa: el aceite cosmético debe ser ligero y absorberse rápido en la piel, sin dejar una película grasa persistente.
Más allá del argán, la medina ofrece otros cosméticos tradicionales marroquíes que merece la pena probar: la arcilla ghassoul, usada desde hace siglos como mascarilla purificante; el jabón negro (savon noir), a base de aceitunas, esencial en el ritual del hammam; el agua de rosas de Kelaat M'Gouna, apreciada como tónico facial; y el kohl tradicional para los ojos.
Un último consejo: evite a los vendedores callejeros insistentes que hacen promesas exageradas o aseguran vender "directamente del productor" a precios irrisorios. Prefiera siempre cooperativas reconocidas o tiendas de confianza, idealmente recomendadas por su riad.